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La ventana del sargazo

El Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico se está expandiendo antes y más rápido que nunca. Los costos económicos serán significativos y los argumentos a favor de la transferencia de riesgo paramétrica ya no pueden ignorarse.

Daniela Risaro
Daniela Risaro ·
El Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico se está expandiendo antes y más rápido que nunca. Los costos económicos serán significativos y los argumentos a favor de la transferencia de riesgo paramétrica ya no pueden ignorarse.

Una playa de San Martín, en el Caribe, cubierta de sargazo, 19 de noviembre de 2011. (Foto de Mark Yokoyama vía Flickr. Usada bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0)

El auge del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico

El sargazo es una macroalga parda que flota libremente en el Atlántico abierto y forma densas masas que pueden extenderse por kilómetros. En mar abierto cumple un papel ecológico real: da refugio a peces juveniles, tortugas marinas, cangrejos y camarones, y sirve como hábitat de cría para decenas de especies. El problema empieza cuando esas masas llegan a la costa.

Antes de 2011, el sargazo se limitaba en gran medida al mar de los Sargazos y al golfo de México. Luego, una combinación de cambios en los patrones de viento y en las corrientes oceánicas creó condiciones que le permitieron expandirse mucho más allá de su área histórica. Hoy los investigadores llaman al resultado el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una franja continua de algas flotantes que se extiende a lo largo de unos 8.000 kilómetros, desde la costa de África Occidental, a través del Atlántico central, hasta el Caribe y el golfo de México. El detonante parece haber sido un período anómalo en 2009-2010; lo que lo sostuvo fue un Atlántico tropical cada vez más rico en nutrientes, alimentado por la escorrentía de los ríos Amazonas y Congo y amplificado por la deforestación y el calentamiento de las aguas. Una vez establecido, el sistema resultó autosostenible. Una investigación publicada en Science en 2019 documentó formalmente esta transformación y describió la aparición de un cinturón de sargazo persistente, a escala de cuenca y sin precedentes históricos (Wang et al., 2019).

Cada año desde 2011, el sargazo se ha expandido a fines de la primavera, ha alcanzado su punto máximo alrededor del verano y ha disminuido a fines del otoño. La tendencia en ese período ha sido, en general, al alza, con años récord en 2018, 2022 y 2025.

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En 2023, científicos de WHOI a bordo del buque Ronald H. Brown de NOAA en el Atlántico tropical aprovecharon la ruta, planificada desde hacía tiempo, que atravesaba el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico para tomar algunas de las primeras muestras de una floración masiva en curso. (Foto de Ellen Park ©Woods Hole Oceanographic Institution)

La temporada 2026: más temprana, más grande y todavía en aumento

La temporada de sargazo 2026 no se hizo esperar. En enero, los satélites de la NASA detectaron cantidades superiores a las de cualquier enero registrado, y para marzo la biomasa del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico ya estaba un 31% por encima del mismo período de 2025. Sea lo que sea que depare el año, se anunció temprano.

El panorama operativo más claro proviene del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida (USF), que opera el Sargassum Watch System y publica boletines mensuales que siguen el desplazamiento del cinturón por el Atlántico. Su informe de abril de 2026 documenta hacia dónde apuntaban las primeras señales. A mediados de abril, el sargazo se había extendido por todo el mar Caribe, con tres grandes masas distintas visibles en las imágenes satelitales. Todas las regiones monitoreadas, desde el golfo de México hasta ambos lados del Atlántico, registraron cantidades iguales o cercanas a los máximos históricos para abril. La biomasa húmeda total alcanzó aproximadamente 28,7 millones de toneladas métricas solo en el Atlántico, acercándose ya al récord de temporada completa de 38 millones de toneladas métricas establecido en julio de 2025.

Los efectos no se limitan a mar abierto. Ya hay grandes arribazones en curso en el Caribe y las Antillas Menores, y eventos moderados que llegan a la costa sureste de Florida. Las proyecciones de USF indican que las arribazones continuarán y probablemente se intensificarán en los próximos meses, con eventos que podrían llegar incluso hasta Luisiana y Texas. Según el boletín, para el verano 2026 podría superar todos los años anteriores registrados.

El costo de la llegada

El daño comienza antes de que el alga toque la playa. A medida que el sargazo se acerca a la costa, libera sulfuro de hidrógeno, un gas con olor a huevo podrido que causa irritación respiratoria y, en concentraciones altas, representa riesgos reales para la salud. En 2018 se documentaron en la literatura científica eventos de exposición en el Caribe francés, con 154 pacientes registrados en el Hospital Universitario de Martinica con síntomas neurológicos, respiratorios y digestivos (Resiere et al., 2021), y las autoridades del Caribe francés cerraron escuelas temporalmente por niveles peligrosos de gas durante una arribazón severa (Resiere et al., 2026). Más allá del gas, el sargazo absorbe arsénico y otros metales pesados durante su tránsito por el océano, que se acumulan en las zonas costeras a medida que las masas se amontonan (Cipolloni et al., 2022; Cipolloni et al., 2024).

En las aguas cercanas a la costa, las consecuencias siguen otra lógica. Las densas masas flotantes impiden que la luz solar llegue a los arrecifes de coral y a las praderas marinas, lo que suprime la fotosíntesis debajo de ellas. Cuando esas masas finalmente mueren y se hunden, asfixian a las comunidades que viven en el fondo marino. La descomposición agota el oxígeno disuelto de las aguas poco profundas y provoca mortandad de peces e invertebrados. Las tortugas marinas, que dependen del acceso a la playa para anidar, enfrentan tanto obstrucciones físicas como una degradación más amplia de su hábitat. Tierra adentro, las tuberías de toma de agua de plantas desalinizadoras e instalaciones industriales pueden obstruirse por completo, lo que interrumpe el suministro de agua dulce en islas donde la desalinización es la fuente principal.

Las consecuencias económicas son quizá las más visibles. El turismo es el primero y el más afectado: cuando las playas quedan sepultadas bajo algas en descomposición, los visitantes cancelan, los hoteles ofrecen reembolsos y los ingresos de los restaurantes costeros se desploman. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, incluso una floración moderada redujo la llegada de turistas a Quintana Roo en un 11,6% entre 2016 y 2019 (BBVA Research, 2020). La pesca enfrenta sus propios problemas: redes enredadas, acceso bloqueado a las zonas de pesca y capturas en descenso por el deterioro de la calidad del agua cerca de la costa.

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Una playa de San Martín, en el Caribe, cubierta de sargazo, 19 de noviembre de 2011. Foto de Mark Yokoyama vía Flickr. Usada bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0.

Un estudio de enero de 2026 de la Woods Hole Oceanographic Institution y la Universidad de Rhode Island ofrece la cuantificación más rigurosa hasta la fecha, al examinar las pérdidas en Puerto Rico, las Islas Vírgenes de EE. UU. y la costa atlántica de Florida (Jin et al., 2026). Las pérdidas anuales ya alcanzan varios millones de dólares en Puerto Rico y las Islas Vírgenes de EE. UU., y podrían llegar a miles de millones a lo largo de la costa atlántica de Florida en temporadas severas. Estimaciones más amplias del investigador de WHOI Di Jin sitúan las pérdidas totales de Florida, directas e indirectas, en torno a 5.000 millones de dólares en un mal año, con escenarios adversos que se acercan a los 10.000 millones. Solo el condado de Miami-Dade gasta casi 4 millones de dólares al año para retirar el sargazo de 27 kilómetros de playas públicas, una cifra que ha crecido de forma sostenida desde que comenzó la remoción sistemática en 2019 (WUSF, 2026).

El panorama en el resto del Caribe es coherente con estas cifras. La Comunidad del Caribe (CARICOM), cuyos 15 Estados miembros albergan a unos 44 millones de personas, de las cuales alrededor del 70% vive cerca de la costa, registró pérdidas de aproximadamente 102 millones de dólares solo en 2022, que en ese momento fue un año récord (Inside Climate News, 2024). La temporada 2026 va muy por encima de 2022 en cada punto comparable del ciclo, y los peores meses todavía están por venir.

Lo que impulsa esta escalada no es una sola causa, sino un conjunto de causas que se refuerzan entre sí: el calentamiento del océano, los cambios en la circulación del Atlántico y el enriquecimiento de nutrientes por la escorrentía agrícola y la deforestación interactúan de maneras que no son simplemente aditivas. Un océano más cálido, rico en nutrientes y con una circulación modificada es un régimen cualitativamente distinto. La consecuencia práctica es que lo que hace una década se habría clasificado como una temporada moderada de sargazo hoy produce impactos que, en términos absolutos, se parecen a los eventos severos de aquella época. La etiqueta de la categoría puede ser la misma; las consecuencias no.

De riesgo observable a riesgo asegurable

El sargazo no suele plantearse como un riesgo asegurable. Ese enfoque ya no se sostiene. El daño que causa es real, está cada vez mejor cuantificado y es predecible a escala estacional. Sistemas satelitales como el Sargassum Watch System de USF y el Copernicus Marine Service europeo producen estimaciones confiables y casi en tiempo real de la abundancia de sargazo en todas las regiones principales, actualizadas continuamente durante la temporada. Ya existen registros históricos de varios años. Los estudios de impacto económico han puesto cifras a las pérdidas. Están presentes las condiciones que requiere el seguro paramétrico: un índice físico medible, una infraestructura de observación robusta, una variabilidad histórica documentada y una exposición económica demostrada. Suyana está desarrollando activamente coberturas paramétricas para carteras expuestas al sargazo. La temporada 2026, que ya se encuentra en máximos históricos o por encima de ellos en todas las regiones monitoreadas y con el verano todavía por delante, no es una señal para empezar a estudiar el problema. Es una señal para actuar.

Referencias

BBVA Research. (2020). The risk of sargassum to the economy and tourism of Quintana Roo and Mexico (Working Paper No. 20/02). https://www.bbvaresearch.com/en/publicaciones/the-risk-of-sargassum-to-the-economy-and-tourism-of-quintana-roo-and-mexico/

Cipolloni, O. A., Gigault, J., Dassié, É. P., Baudrimont, M., Gourves, P. Y., Amaral-Zettler, L., & Pascal, P. Y. (2022). Metals and metalloids concentrations in three genotypes of pelagic Sargassum from the Atlantic Ocean Basin-scale. Marine Pollution Bulletin, 178, 113564. https://doi.org/10.1016/j.marpolbul.2022.113564

Cipolloni, O. A., Simon-Bouhet, B., Couture, P., & Pascal, P. Y. (2024). Reduced transfer of metals and metalloids from pelagic Sargassum spp. accumulated in artificial floating barrier. Scientific Reports, 14(1), 27066. https://doi.org/10.1038/s41598-024-76899-5

Inside Climate News. (2024, April 18). After 13 years, no end in sight for Caribbean sargassum invasion. https://insideclimatenews.org/news/18042024/caribbean-sargassum-invasion/

Jin, D., Wang, A., & Dalton, T. (2025). Economic impacts of sargassum events in Puerto Rico, USVI, and coastal Florida. Harmful Algae, 150, 102996. https://doi.org/10.1016/j.hal.2025.102996

Lapointe, B. E., Brewton, R. A., Herren, L. W., Wang, M., Hu, C., McGillicuddy, D. J., Lindell, S., Hernandez, F. J., & Morton, P. L. (2021). Nutrient content and stoichiometry of pelagic Sargassum reflects increasing nitrogen availability in the Atlantic Basin. Nature Communications, 12, 3060. https://doi.org/10.1038/s41467-021-23135-7

NOAA Ocean Service. (n.d.). Sargassum: From sea to shore. National Oceanic and Atmospheric Administration. https://oceanservice.noaa.gov/news/sargassum/

Resiere, D., Mehdaoui, H., Florentin, J., Gueye, P., Lebrun, T., Blateau, A., & Neviere, R. (2021). Sargassum seaweed health menace in the Caribbean: Clinical characteristics of a population exposed to hydrogen sulfide during the 2018 massive stranding. Clinical Toxicology, 59(3), 215–223. https://doi.org/10.1080/15563650.2020.1789162

Resiere, D., Florentin, J., & Névière, R. (2026). Evaluating the ten-year health impact of hydrogen sulfide (H2S) and ammonia (NH3) exposure from sargassum seaweed invasions in the Caribbean: Public health implications. Harmful Algae, 152, 103027. https://doi.org/10.1016/j.hal.2025.103027

Wang, M., Hu, C., Barnes, B., Mitchum, G., Lapointe, B., & Montoya, J. P. (2019). The great Atlantic Sargassum belt. Science, 365(6448), 83–87. https://doi.org/10.1126/science.aaw7912

WUSF Public Media. (2026, May 16). Miami-Dade's sargassum problem isn't going away — and neither are the costs. https://www.wusf.org/environment/2026-05-16/miami-dades-sargassum-problem-isnt-going-away-and-neither-are-the-costs

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